El jaqués Antonio García Serrano ha cultivado a lo largo de los años un vínculo profundo con la montaña y la fotografía de naturaleza, una pasión arraigada en su infancia. Su carrera profesional transcurrió en el ámbito de la enseñanza, dedicando los últimos 15 años a la docencia en el IES Pirámide, donde culminó su etapa laboral. Ahora, con mayor libertad, se deleita explorando senderos y plasmando la esencia del paisaje a través de su objetivo.
Desde siempre, Antonio ha sentido una gran fascinación por descubrir lo que se oculta al otro lado de cada montaña, con la inquietud de conocer los picos y valles que conforman la geografía del Pirineo. A su juicio, esta cadena montañosa representa un auténtico tesoro natural que muchos desconocen, y le gusta dar a conocer esa belleza oculta.
Su pasión por la fotografía le viene de familia. Su padre, quien fue militar y trabajó en los laboratorios gráficos del cuartel de Jaca de La Victoria, le inculcó desde pequeño la curiosidad por la imagen. Con el tiempo, ha experimentado la transición desde la fotografía analógica hasta la era digital, lo que le ha permitido ampliar su archivo fotográfico de forma considerable. En los últimos años, ha dedicado tiempo a digitalizar miles de diapositivas, rescatando recuerdos y capturas de paisajes que, de otro modo, habrían quedado en el olvido.

Su espíritu de observador incansable lo ha convertido en un compañero muy apreciado en las rutas de montaña. Muchos senderistas han querido recorrer caminos a su lado, atraídos por su capacidad para notar detalles que a menudo pasan desapercibidos: desde la silueta de un ave en la lejanía hasta el rastro de un pequeño insecto. Esta atención minuciosa le ha llevado a especializarse también en fotografía macro, capturando con su objetivo la asombrosa diversidad de coleópteros, mariquitas y otros insectos.
Dentro de su colección, destacan imágenes de cumbres icónicas del Pirineo, como el Pico de la Renclusa o el Palas, con sus casi 3.000 metros de altitud. También muestra predilección por retratar la fauna y flora alpina, desde el llamativo camachuelo, con su inconfundible pecho rojo, hasta la delicada genciana, una de sus flores favoritas.
Más allá de la naturaleza diurna, Antonio también se ha interesado por la fotografía nocturna, especialmente por la Vía Láctea y los atardeceres. Aunque nunca le ha entusiasmado el retrato, sí encuentra un especial deleite en capturar instantes efímeros del cielo estrellado, llevándose a casa fragmentos de un universo en constante movimiento.

Recientemente, Antonio García Serrano compartió su experiencia y su arte en una conferencia, acompañada de una proyección de imágenes, en un acto organizado en el IES Ramón y Cajal por la Universidad Ciudadana. En este encuentro, transmitió su pasión por la naturaleza y la montaña, inspirando a otros a descubrir la belleza del paisaje a través del objetivo de una cámara.
Antonio García Serrano sigue explorando y fotografiando, convencido de que cada sendero y cada cumbre esconden una nueva historia que merece ser contada y disfrutada. Su trabajo es un homenaje a la naturaleza, un testimonio visual que invita a detenerse, observar y maravillarse ante la inmensidad del mundo natural.