El ángel de los juguetes

In Memoriam de Eduardo Naval Blasco, que dedicó toda su vida al estudio, reparación y conservación de los juguetes

Cronista de la Comarca de La Hoya de Huesca. Académico de la Real de San Luis
15 de Diciembre de 2024
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Rastrillo de juguetes
Rastrillo de juguetes

Desde el pasado 14 de diciembre, dentro de las Navidades solidarias, se ponía a disposición de los oscenses los juguetes en el Rastrillo de Cáritas, juguetes reciclados, dentro de una oportunidad de adquirir más de 3.000 juguetes reacondicionados a precios asequibles desde 1 a 20 euros, pudiendo encontrar  dentro de una economía solidaria valores como el reciclaje, la sostenibilidad y economía, que están además avaladas por la reinserción laboral de personas en situación de vulnerabilidad.

La mayoría de estos juguetes pasó por las manos y el juicio crítico y severo de Eduardo Naval Blasco, que nos dejó recientemente y que dedicó toda su vida al estudio, reparación y conservación de los juguetes. Este colaborador de Cáritas que nos recordaba las disposiciones dictadas en agosto de 1945 a nivel internacional referentes a los juguetes infantiles: “La materia de que se fabriquen debe tener la condición de no ser tóxica, no macerable por la boca del niño y que consienta la esterilización del juguete por el lavado y en caso preciso, por ebullición . Tienen muy bien estas condiciones la madera, el caucho y la pasta de celuloide. La madera irá sin pintar; los juguetes de caucho, desprovistos de pitos metálicos fáciles de tragar por el niño; los de celuloide han de tener la pasta de suficiente grosor para que el niño no los pueda romper, hiriéndose con sus bordes cortantes”.

Eduardo Naval  comentaba: Las disposiciones antiguas decían que era importante que los juguetes tuvieran formas primitivas, poco complicadas o perfeccionadas, para estimular la fantasía del niño, pero que ciertamente, cada año los juguetes se hacían más complicados y por lo tanto, más susceptibles de averías en su funcionamiento, de aquí que llegaran muchos de ellos a la tienda de entrega de Cáritas en algunos casos casi inservibles, pero conservando su aspecto y condiciones exteriores originales. Era entonces cuando  entraba la mano y el saber de Eduardo que con la experiencia de más de 60 años coleccionando y restaurando juguetes, se ponía de manifiesto logrando solucionar los problemas del pequeño motor, de los ejes y ruedas estropeados o de la carcasa doblada por algún choque  jugando.

Es decir, todo aquello que había significado en muchos casos el abandono aunque de aspecto se conservara bien, todo era corregido y arreglado por este experto voluntario de Cáritas, que en su decir, hablaba siempre de que en cada juguete había un ángel que velaba por los juegos del niño propietario, por lo que, cuando ya era considerado no apto, había que recuperarlo pues el ángel volvía para velar por el juego de otro niño. Esta filosofía de este hombre enamorado de los juguetes del ayer me hacía pensar que desde luego tenía razón, pues era él, un auténtico ángel, reparando, acondicionando, probando juguetes y por ello se nos fue al cielo para ver desde otra magnitud, como existen niños que son felices estos días y juegan mucho, con los juguetes de ese rastrillo que pasaron por sus manos.

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