Había nacido en Bailo, del linajudo tronco de los Lobera, este Jurista y Científico que estudió en La Universidad Sertoriana doctorándose “in utroque iure” (Leyes y Cánones) en el último tercio del siglo XVIII. Obtuvo el empleo de Abogado de los Reales Consejos para después ordenarse sacerdote y entrar como Capellán del Señor Vizconde de la Herrería, quien era a la sazón Embajador del Rey de España en Nápoles, a quien acompañó en sus viajes por Rusia y Holanda de 1784 a 1790.
Desde el inicio de sus estudios en la Universidad oscense se sintió inclinado hacia las ciencias exactas, logrando una gran instrucción en ellas, destacando como matemático, pero a su vez, fue un científico preocupado intensamente por la agricultura, así es que participa en la Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País y en ella, con la Escuela de Agricultura que se funda en 1778, la primera que se establece de su estilo en España, instalando incluso unos campos de experimentación agrícola, siendo el espíritu de esta actividad que le hace decir a Ignacio Jordan de Asso :”La enseñanza práctica fundada en repetidos experimentos, y éstos variados de diferente manera es la única, que puede convenir, y aprovechar a un labrador”.
Siguiendo los métodos pedagógicos ingleses, Domingo Lobera idea el Catecismo de Agricultura que publicó como el primer “Catecismo Rural”, que, editado en La Haya, remitió a la Real Sociedad Económica de Zaragoza el día 1 de abril de 1778, un gran trabajo que, sin responder a un índice temático, estaba estructurado en base a las grandes parcelas del conocimiento práctico agrícola, estando escrito en forma de preguntas y respuestas, yendo comúnmente, de lo general a lo particular, de manera y forma que el educando fuera descendiendo de los asuntos mas amplios a los más específicos de la agricultura, pudiendo de esta manera, eventualmente, aprenderlo de memoria.
La idea fue desarrollada por este antiguo alumno Sertoriano en la consideración de que podía aprovecharse el hábito de aprendizaje del catecismo religioso que era usado por los agricultores y sus hijos. Fue un método de enseñanza de la agricultura que tuvo gran aceptación en los ambientes escolares españoles, si bien no faltó quien criticara el origen de la idea.
Era este Catecismo dialogístico en el que se trataba en la primera parte del conocimiento de las tierras. En la segunda de los mejoramientos naturales, como la marga y sus diferentes especies. En la tercera se hablaba de los mejoramientos artificiales, con la cal, estiércoles, etcétera. En la interesantísima cuarta, se explayaba en el modo de romper las tierras incultas y reducirlas a labores. Un total de 340 páginas en 4º mayor, que estaba acompañada de unas láminas de instrumentos de agricultura.
El trabajo de los hombres de Ciencia fue encauzado por las Sociedades Económicas creadas durante el reinado de Carlos III, siendo en el primer año de funcionamiento de la Escuela de Agricultura de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, donde estudiaron con este “Catecismo Rural” de don Domingo Lobera 36 alumnos, siendo el inicio de otras muchas actuaciones y cursos. Como la instalación de campos de experimentación agrícola, se ensayaron abonos, y clasificaciones de tierras.