Dentro de la gran nómina de profesores que impartieron sus enseñanzas en la Universidad Sertoriana de Huesca, es obligado citar a Fray Dionisio Blasco. Nacido en Utrillas (Teruel) el año de 1610, tenía 20 años cuando vistió el hábito del Carmen de la Observancia en Zaragoza. Obtuvo el cargo de Maestro de la Orden y el grado de Doctor en Derecho Canónico siendo condiscípulo del insigne maestro Raimundo Lumbier, con quien compartió preocupación y necesidad de imprimir a los jóvenes las ideas más claras de la ciencia, pero siempre tratando de hacerlo con un método sencillo.
Fue enviado por la Orden a regentar una Cátedra de Filosofía a la Universidad de Huesca el año de 1647, la cual rigió hasta 1650, ocupó la Cátedra de Durando de 1651 a 1657, la Cátedra de Escoto de 1657 a 1658, las de Escritura y Vísperas de 1667 a 1668 y la de Prima de 1677 a 1679. Es decir, desde 1647 y hasta el año 1682 estuvo asiduamente durante 35 años ocupado en las cátedras de Filosofía, Teología o en la Sagrada Escritura. Puede decirse que este sabio carmelita ilustrado que enseñaba a los alumnos de la Sertoriana, tanto por la ciencia como por su religiosidad, fue muy apreciado por los discípulos, como también por los sabios de su tiempo.
Juró como Calificador de La Santa Inquisición del Reyno, Prior del Convento del Carmen de Huesca, Examinador Sinodal de su Obispado. Entre sus obras destacan Hortus Philosophicus as brevissimam Sumam - 1668; Theologiam abreviatam - 1670; Cursus Philosophicum iuxta gravisimam reconditam Joannis Bacconii - 1672; Textualis exposituio philosophiae Aristotélicae.- 1676; Opus Astronomicum -1676; In Teologiae Baconni (2 volúmenes) Lyon 1680 y Amberes 1687. Sus numerosos escritos de carácter filosófico lo acreditaron como una de las más solidas personalidades que su Orden dio a la renovación de la escolástica.
La foma característica de la enseñanza superior bajomedieval fue el método “escolástico”, el cual estaba basado en la “lectio”, la “quaestio” y la “disputatio”. En la Cátedra, el maestro leía los textos de las autoridades, tales como la Biblia, el Maestro de las Sentencias, Aristóteles y otros, posteriormente los comentaba siguiendo un sistema rígido argumentativo, basado claro está en un conjunto de técnicas de razonamiento y dentro igualmente en unos métodos de disputa.
Esto constituía una parte importante del aprendizaje de la lógica por la que todos escolares en la Facultad de Artes debían pasar antes de emprender estudios superiores como Teología, Medicina y Derecho. La lógica era la base a partir de la cual se llevaba a cabo toda la enseñanza, y para ello, el alumno tenía que saber argumentar según las reglas de la dialéctica.
En la Facultad de Artes, la autoridad que se estudiaba era Aristóteles y algunas traducciones de sus escritos sobre lógica, por parte de Boecio: las Categorias y del De Interpretatione, obras que junto a la Isagoge con introducción de Porfirio, constituían la denominada “Lógica Vetus”. Las enseñanzas en las Facultades superiores se basaba en el comentario a las Autoridades, a partir del método lógico argumentativo, aprendido y desarrollado en la Facultad de Artes, método que en sus inicios fue tomado de la lógica Aristotélicoboeciana y muy especialmente en los siglos XIV y XV de forma más amplia, de la lógica nominalista.
En Medicina era importante conciliar los desacuerdos entre Aristóteles y Galeno, especialmente en Fisiología, que los médicos tenían que concordar con más o menos dificultad. Los juristas podían estudiar el Derecho Civil a partir de la exégesis de las obras del emperador Justiniano recuperadas en Bolonia. En la Facultad de Teología se debía de estudiar la “Biblia” y la Escolástica y esta se aprendía a partir de los cuatro libros de “Sentencias” de Pedro Lombardo. Con la primera fuente se formaba al bachiller bíblico y con la segunda al bachiller sentenciario, siendo sin duda alguna, las dos dimensiones obligatorias del teólogo medieval.
Una aproximación sistemática de la Teología la ofreció Pedro Lombardo, quien hizo una selección de pasajes en los que acercó las posturas de diversos autores. En el libro I se estudiaba la Trinidad; en el libro II la Creación; en el libro III Cristo, el Salvador de la creación; en el libro IV los Sacramentos, como medio para lograr la gracia.
Esta obra fue utilizada para la enseñanza de Teología escolástica hasta principios del siglo XVII, en que se dio a las prensas el extraordinario trabajo de un curso de Filosofía y Teología del Catedrático de la Universidad de Huesca Fray Dionisio Blasco, compuesto en dos volúmenes: el primero trataba de Lógica y Metafísica; el segundo de Física; y luego una síntesis de la Teología en un volumen. Fue un intento de dar voz a Baconthorp de forma unitaria, quien por otra parte podemos asegurar era un gran defensor de la Inmaculada Concepción, al igual que Fray Dionisio Blasco y toda la Universidad Sertoriana.