La presentación de los libros "Huesca, ciudad desamortizada" de Antonio Naval Más y "Proceso universitario entre Huesca y Zaragoza S. XVI" de Francisco Bartol Hernández tiñó de erudición, identidad y orgullo oscense por su universidad el Colegio Imperial de Santiago la inhóspita noche del miércoles en la que un buen puñado de curiosos ávidos de conocimiento desafiaron la desagradable climatología para poner calor a través de la curiosidad histórica.
Resultó edificante la sesión impartida por los dos miembros de Studiosi pro Universitate Sertoriana en la que desvelaron la importancia de la ciudad conventual y las artimañas que derribaron la exclusividad universitaria de Huesca en Aragón por obra y gracia de una abyecta interpretación que vulneró el orden monárquico establecido.
Antonio Naval presentó "Huesca, ciudad desamortizada", el tercer tomo de la trilogía iniciada con "Huesca, Urbs" y "Huesca, ciudad fortificada". "La desamortización fue general a toda España pero incidió más directamente en Huesca porque era una ciudad conventual. Había 17 conventos y en el XVII dos más que no estaban relacionados con la universidad: los antonianos al final de la calle San Lorenzo y los benedictinos de Monserrat al principio de la calle Huesca".
Para una población de 6.000 habitantes en que "se conocían todos", eran "muchos conventos y además eran muy destacados en la Corona de Aragón, muy relevantes por su vinculación a la Sertoriana. Estaban bien dotados".
El libro sondea lo que había en estos conventos. Parafraseó a Carderera cuando sostuvo que la desamortización se había hecho "muy regularmente", sin inventarios ni actas "de aquí para allá". No es fácil documentarlo, pero "el conjunto de arte era muy destacado y amplio, en sitios extraños, no siempre bien ubicados como iglesias de pueblos sin relevancia".
La búsqueda de la procedencia ha sido uno de los motores de la obra. "Si era un San Francisco Javier, naturalmente era un jesuita; si era un San Nicolás Tolentino era de los agustinos. Buen cuidado tenían entre ellos de no hacer propaganda del otro convento".
Antonio Naval Más afirma que, si estuvieran todos recogidos en un museo, "sería de mucha categoría. Podría competir con la fundación Camón Aznar de Zaragoza, no en la calidad de las obras de cinco estrellas del Camón Aznar, pero numéricamente sería superior en obras que además son relevantes. Se están perdiendo, algunos están en condiciones malas, incluso tendría que haberse previsto en el Plan Director de la Catedral que se está redactando ocultamente. En el espacio del entorno podría haber un excelente museo".
El libro incluye también las huertas. "Eran conventos potentes, se hicieron con un anillo de huertas en torno a Huesca y ayuda a entender lo que eran estos conventos, cómo vivían y estaba acondicionada Huesca".
Apoyándose en material gráfico existente y otro creado desde sus habilidades como dibujante, Naval Más ha querido recomponer "los conventos que han desaparecido por completo y de los que no teníamos imágenes".
El tercer aspecto es el de las bibliotecas. "Tenían mucha categoría, eran conventos-colegios, estaban vinculados a la universidad. Tenían muy buenas bibliotecas que afortunadamente se recogieron y están alojadas en la Biblioteca Pública de Huesca. Merecerían más relevancia".
Estableció una relación entre las pinturas de gran calidad como copias de Sanzio o Caravaggio y los conventos importantes, a su vez asociados a la universidad. "La identidad de esta ciudad es universitaria. Forma parte de la historia, fue destacada y le dio especial vida, y fue además relevante".
Un estudio ya iniciado pero con gran potencial de desarrollo es "hacer un elenco de las personas muy destacadas que han pasado por esta universidad, sobre todo de expertos que han salido de la Facultad de Derecho que luego trabajaron en Castilla, Cataluña y los virreinatos de Sudamérica".
"La desamortización fue un golpe muy duro no solo para la universidad sino para la ciudad de Huesca. Quizás lo que ha pasado a esta ciudad es saber defender la identidad de esta ciudad. No entendí que cuando el Colegio Universitario pasó a ser Facultad, la Universidad de Zaragoza decidiera ponerle su nombre, cuando no es tan destacada, está entre el 500 y el 600 en el ranquin. En Huesca no supieron defender esa identidad propia". Igualmente, lamentó que hace veinte años la Fundación San Valero intentara abrir la San Jorge y "por fanatismo ideológico" no se permitió. Son hoy 4.000 estudiantes y 400 profesores, y más del 90 % de los egresados salen colocados.
Un tercer dato que pudiera parecer anecdótico es que, "hace unos años, hubo un intento de establecer en Walqa un Instituto de Investigación de Ciencias Medioambientales asociado a la universidad Ben Gurion, que exigía una sinagoga al menos para doce familias. Huesca es la única ciudad de Aragón y de España que no sólo ha conservado hasta hace cuatro años la sinagoga, sino que no era solo una sala de oración sino un complejo judaico". El edificio frente al Hotel Pedro I que tiene "cuatro puertas, no hay casa que tenga cuatro puertas si no es por algo".
EL LITIGIO ENTRE ZARAGOZA Y HUESCA
La presentación de "Proceso universitario entre Huesca y Zaragoza S. XVI" de Francisco Bartol comenzó con una disertación del catedrático salmantino arraigado en Huesca sobre la figura de Cayo Cilnio Mecenas para significar la importancia de la figura a la que dio nombre, el mecenazgo, trascendental para la evolución de las artes y las letras y que tanto impregnó la vida de la Universidad Sertoriana. Fue protector hasta el más floreciente círculo que se había conocido. Necesitó al político, el propio protector y los autores protegidos que gracias a él pudieron publicar sus letras.
Afirmó que Studiosi pro Universitate Sertoriana debe asemejarse al "Círculo de Mecenas y ser un punto de encuentro para todos aquellos que deseen compartir su interés y su pasión por la Universidad de Huesca y Sertoriana".
Bartol Hernández relató con certeza, serenidad y pasión el litigio entre el jurisconsulto oscense Martín Monter de la Cueva, acreditado jurista internacionalmente, y el zaragozano Juan Gaspar Ortigas en un proceso de 36 años (1542-1588).
Ha recordado que las 640 páginas en castellano y latín se distribuyen en cuatro bloques, comenzando por el privilegio concedido por Pedro IV a Huesca el 12 de marzo de 1354 para la exclusividad o monopolio de las enseñanzas universitarias en Aragón. En el proceso o litigio, se nombran unos jueces que no pueden ser ni de Huesca ni de Zaragoza para no conceder ventaja. Así lo dice Felipe II, que proclama a tres independientes en Barcelona: el canciller, el vicecanciller y un abad de un monasterio de Gerona.
Recuerda las razones del nombramiento de Pedro IV: "Esta ciudad y sus ciudadanos, siempre fieles a nosotros, merecen ser honrados con el privilegio de tener la Universidad de todo el Reino de Aragón", porque es "paraíso de felicidad y fertilidad, con purísimo aire, famosa por sus delicados alimentos". A partir de 1354, nadie puede estudiar ni enseñar salvo en Huesca.
El segundo capítulo es la demanda de Martín Monter de la Cueva, un oscense que en 1565 ya está en el colegio de Bolonia, y vuelve para hacerse cargo de la Cátedra de Prima de Leyes en la Universidad Sertoriana. El título es "Defensa Jurídica de la Muy Vetusta -término que se refiere a la Escuela Sertoriana, no universidad porque hasta el siglo III no hay universidades propiamente dicha-". Monter de la Cueva se llegó a jugar la carrera jurídica con la afirmación de que Carlos V no tenía voluntad ni poder para otorgar a Zaragoza un privilegio similar al de Huesca, porque gobernaba su hijo, Felipe II. Reconoció que era "muy arriesgado".
Los zaragozanos engañaron y ocultaron a Carlos V el 10 de septiembre de 1542 que había una universidad en Huesca, porque no se lo hubiera concedido por proximidad. Citaron Lérida, Valladolid y Salamanca. "Este privilegio perjudica claramente a Huesca, porque el número de estudiantes va a ser menor". Zaragoza es la ciudad más grande del Reino de Aragón y si se le concede la Universidaad, "será la más poderosa y la que más riqueza alcance". Sobre Huesca, dice el jurisconsulto oscense que es la más apropiada porque es un "lugar ameno, idílico, porque el campo alrededor de Huesca es muy fértil y produce muchos alimentos", ya alude a La Hoya y al clima con un viento "suave".
El escrito de Juan Gaspar Ortigas es "Defensa Jurídica de la Ínclita y Muy Floreciente Universidad de Zaragoza", doctor en Leyes y Catedrático de Derecho Civil que estudió en Huesca y fue rector de la Universidad de Huesca (1573-74), y había jurado defenderla. Ortigas utiliza argumentos históricos más que jurídicos. Compara con Valencia o Cataluña, donde hay más de una, y cree que Zaragoza y Huesca son compatibles. Además, cree que los estudiantes no tienen que pagar tanto al estar lejos Huesca.
El catedrático enumeró la endeblez argumental de Gaspar Ortigas que atribuyó la fundación de la Universidad zaragozana a César Augusto y esgrimó la aparición de la Virgen del Pilar al apóstol Santiago. Y no en una mención, sino en diez páginas. "Y para infravalorar a Huesca afirmó que Sertorio nunca en Huesca, llegando a afirmar que todos los historiadores no sólo no están equivocados, sino que alucinan", y agrega que Plutarco se refiere cuando la nombra a una Huesca en Andalucía, en la Bética, no en la Tarraconenses. Y adujo que en Zaragoza los alimentos están más baratos y por eso se le llama "Zaragoza la harta". Martín Monter de la Cueva le contradice radicalmente. Era catedrático de Prima, los más prestigiosos y pagados.
En el capítulo cuarto, se dedica a la sentencia, publicada el 28 de abril de 1586. "La Universidad de Zaragoza no puede tener un privilegio ni ahora ni en el futuro" por el privilegio de 1542 "ha sido y es nulo y no válido. Ni los profesores ni los estudiantes pueden enseñar ni ahora ni en el futuro en la Universidad de Zaragoza". E impone una sanción a quien incumpla: 1.000 florines y la "ira o la indignación real", que implicaba la confiscación de bienes y la deportación. Pero lo más importante es que afirma que "esta sentencia debe aplicarse inmediatamente, porque no ha lugar a cualquier otro recurso o reclamación".
En Zaragoza, no la aceptaron y, excitados por Pedro Cerbuna, incoaron un nuevo proceso en Zaragoza el 24 de julio de 1586 "y dictan sentencia el 12 de febrero de 1588". No hubo argumentos jurídicos, sólo que el jurado "no pertenecían al reino de Aragón sino al Principado de Cataluña", cuando fue escogido por el rey por su independencia y el Síndico de Zaragoza fue allí a defender sus posturas.
La sentencia de este nuevo tribunal no podía ser otro que "el privilegio de Carlos V es totalmente válido y, por tanto, la Universidad de Zaragoza tiene que funcionar. Yo creo que la hubieran concedido más tarde igual que la de Barcelona, pero no contra la sentencia".
Sobre la de Martín Monter de la Cueva, adujo Bartol dos consideraciones. "Esta demanda no es un capricho, ni mucho menos. Huesca no le tiene envidia a Zaragoza por la Universidad, porque ésta empieza a funcionar el 23 de mayo de 1583, y estamos en 1585. Está en sus inicios. Lo que hace Martín Monter es defender los intereses de Huesca". No hubo "hostilidad" desde Huesca. La segunda es el esfuerzo y el valor de Monter. Dice: "Emprendí este trabajo no llevado por ninguna obstentación ni afán de litigar con Zaragdoza. No menosprecia a Zaragoza en ningún momento". "Sólo -agrega- por encontrar la verdad. No estamos atemorizados por la autoridad de nadie, ni de Felipe II ni del vicecanciller".
Concluyó con una de las frases de Martín Monter de la Cueva: "Si las personas están obligadas a abandonar una ciudad, esa ciudad desaparece".