La partitura de la antífona Tota Puchra da sentido al rezo de las vísperas del día de la Inmaculada en la Catedral de Huesca, por su armoniosa melodía y por la solemnidad que implica su puesta en escena cada 7 de diciembre.
Esta partitura no es única ni, consecuentemente, fue escrita para la celebración de la Catedral de Huesca. Actualmente hay catalogadas otras cuatro partituras similares en las ciudades italianas de de Lucca, Macerata, Tívoli y Roma. La de Huesca sin embargo no está inventariada, es desconocida. El autor es Giovanni Cesare Aldega. Según la información recabada de las ciudades mencionadas, en la actualidad no se interpreta en ninguna de ellas. Esta circunstancia da a la de Huesca un carácter de singularidad.
El canto del Tota Pulchra tiene lugar en alguna otra catedral española por la misma fecha, pero con diferente composición musical y otra solemnidad, dado que en Huesca se hace presente toda la ciudad mediante sus instituciones representativas, que rememoran momentos históricos y vivencias ciudadanas de otras épocas. En Huesca es celebración con larga tradición y distintivo asentimiento ciudadano.
A partir del momento en que el leridano Celestino Vila concursó y ganó la plaza en 1857 como maestro de capilla de la Catedral, compuso un Tota Pulchra que parece se cantó desde ese mismo año hasta la Guerra Civil. Por lo tanto, se siguió cantando después de que este maestro se trasladó a la catedral de Granada en 1877.
Durante la Guerra Civil parece que no tuvo lugar esta celebración litúrgica. Después de la Guerra, el maestro de capilla fue Gregorio Garcés que obtuvo la plaza en 1947. Hasta donde hemos podido recabar información del personal muy mayor, que se movió por la Catedral por aquellos años, parece ser que el beneficiado Valentín Dieste fue quien trajo la partitura de Aldega desde Roma, a donde fue con los canónigos Antonio Crespo y Ramón Marqués, en fecha imprecisa. Hasta ahora no se ha podido precisar si la razón fue que en esta ciudad la oyeron y les gustó. Según las mismas fuentes informantes parece ser que al obispo Lino Rodrigo no le gustó por considerarla algo frívola, pero Gregorio Garcés optó por ella dando un papel relevante al tenor beneficiado Eusebio Paraíso.
Según testimonio de quien en 1949 era infantico de la Catedral ese año ya cantó el Tota Pulchra de Aldega. En los años cincuenta del siglo pasado se incorporó el coro del Seminario, pasando a un tiple el solo que había cantado el tenor. Junto con la orquesta de cámara de la Catedral hicieron de la interpretación una puesta en escena muy sentida para Huesca. Hasta 1969 se interpretaba en el centro del coro de la Catedral donde la sillería de roble daba una especial sonoridad a la melodía. Entonces estaba en activo el órgano con trompetería horizontal a la nave central y a la lateral, cuya alternancia melódica formaba parte de la interpretación. Es partitura que fue compuesta para soprano, bajo, coro, órgano y orquesta. Dura ocho minutos.
La obra se compone de dos partes distintas y complementarias. La primera, más jovial, es una introducción a la segunda de un lirismo propio de una plegaria en que la invocación “Oh María” conlleva una extraordinaria relevancia, dependiendo del ritmo, incluso de la cadencia que el director quiera marcar con los calderones, creando un clímax en la medida en que conecta con la atención de los fieles. Esta partitura mantiene pequeñas diferencias con las de Luca y Tivoli al sustituir arpegios de difícil ejecución por acordes que mejoran la audición. La armonía de la obra queda intacta.
El autor es Giovanni Cesare Aldega que nació en Roma 26 febrero 1815 y murió en Monte San Giovanni Campano, cuando había sido llamado para un concierto el 27 abril de 1862. No era clérigo. Fue organista de la Accademia di Santa Cecilia y vicepresidente de la misma. Desde enero de 1857 hasta su muerte fue director de la capilla Liberiana en Santa María la Mayor. También fue maestro y organista en las iglesias de San Ignacio, Santa María Magdalena y Santa María de Monserrat. Formó a alumnos que después fueron celebres maestros.
Simultaneando su empleo como organista y profesor, fue destacado compositor. Debido a su relevancia compuso la Misa de requiem para los funerales del papa Gregorio XVI (1846), y el Te Deum, para gran orquesta y coro (1847), para la entronización del siguiente papa, Pio IX (1816-48). Sus biógrafos destacan un Stabat Mater con orquesta, afirmando que todas estas obras están relacionadas con la música eclesiástica de cantores virtuosos, caracterizadas por estilo melodramático. También compuso otra versión del Tota Pulchra que se conserva en Lucca y otra más simple que está en Tívoli. Por lo tanto hizo tres versiones distintas de la antífona Tota Pulchra
La ciudad de Huesca cuenta con una valiosa composición musical, que solemniza y, a su vez, queda perfectamente enmarcada en una celebración de vivencia religiosa para no pocos y de profundo sentido ciudadano para buena parte de los oscenses.