Siétamo revive, con sereno espíritu crítico y esfuerzo divulgador, los sucesos de julio del 1936

Éxito rotundo tanto por la participación de público como por el personal recreador venido de diferentes lugares

30 de Marzo de 2025
Guardar
Impactante realismo en la Toma de Siétamo con actores de varias comunidades

La relación entre las personas que realizaron la recreación de Siétamo y su respeto al escenario que ocupaban decía mucho en el párrafo inicial del guion de las dioramas a escenificar, el cual había llegado, hace algo más de una semana, al correo de las mismas. La recreación histórica en Siétamo buscó el respeto y la divulgación de la memoria.

Dicho preámbulo expresaba: "Una vez más, aunque sabíamos que erais todo el personal participante gente de contrastado saber estar, nos gustaría recordar que Siétamo era un pueblo desgarrado por la contienda, que vivió en primera persona algunos de los sucesos más duros de la época y que aún habitaban en él personas que tenían recuerdo de ello. Sobre las mismas calles y casas que veíais sucedieron hechos que merecían un recuerdo respetuoso, serio y con afán divulgador, por lo que rogábamos se evitara todas las actitudes que no fuesen encaminadas al respeto de la memoria, sobre todo en las escenas con más carga emocional. En este empeño colaboró personal de las siguientes organizaciones recreacionistas. Las escenas representadas fueron diseñadas con rigor histórico.

Las escenografías eran pequeñas obras teatrales que retrataban momentos de la contienda. La relación de escenas a representar, tres veces cada una a lo largo de esa mañana, fue variada e intensa. La primera escena trató sobre la huida del alcalde de Siétamo, Isidro Artero Bibian, quien fue elegido en las listas del Frente Popular. Tras el estallido de la sublevación en Huesca, comenzaron las detenciones de alcaldes izquierdistas en los distintos pueblos donde el alzamiento triunfó.

Otra escena incluyó la proclamación del estado de guerra por civiles de derechas. Esta sublevación esgrimió unas razones para justificar su necesidad. Franco, desde Canarias, la noche del 17 al 18 de julio de 1936, pronunció un discurso que argumentaba estas razones. Este discurso, que posteriormente apareció en el ABC de Sevilla, fue recreado en boca de miembros de "Acción Ciudadana", una fuerza paramilitar comisionada junto a Falange para mantener el orden en la retaguardia sublevada. En Siétamo se habían documentado bajas en sus filas durante los combates de julio-agosto de 1936.

La última escena abordó la retirada de la Guardia Civil de Angüés y la llegada del ejército. Las noticias desde Cataluña eran confusas, y se supo que la sublevación había triunfado en Huesca, pero no en las capitales catalanas. El oriente aragonés enfrentaba una tensión enorme, y la única guarnición en la zona, la de Barbastro, mostraba dudas. Así, desde los pueblos comprendidos entre Huesca y la capital del Somontano, cada persona, según su ideología, buscó refugio en las zonas ya estables. Este fue el caso de los guardias civiles del puesto de Angüés, quienes, ante el panorama incierto, decidieron replegarse a Huesca.

Tras varias escaramuzas en los últimos días de julio, el teniente de infantería Antonio Maciá organizó la defensa de Siétamo con falangistas, guardias civiles, soldados del Regimiento Valladolid y paisanos encuadrados en Acción Ciudadana. Consciente de la imposibilidad de enfrentar a las milicias en campo abierto, Maciá estructuró la defensa en torno a Siétamo, con las lomas circundantes y la línea que une la iglesia con el castillo del Conde de Aranda como ejes principales.

En este contexto, se elaboraron listas de personas con antecedentes izquierdistas, quienes fueron convocadas para presentarse ante las autoridades locales en el marco de la represión política en la zona sublevada.

Las comunicaciones con Huesca fueron un reto constante. Se realizaron esfuerzos por mantener el enlace con Monte Aragón, pero la interrupción de las líneas obligó al uso de enlaces locales, causando desajustes en momentos cruciales.

Los primeros días de combate en los pueblos bajo control sublevado fueron especialmente difíciles debido a la escasez de efectivos y la llegada de milicias obreras. Ante esta situación, se repartieron armas a numerosos civiles.

Un hecho peculiar, narrado por Erich Arendt en Los papeles de España, es que grupos de mujeres participaron activamente en el combate del bando sublevado. Para motivarlas, se les relataban supuestas atrocidades cometidas por los "rojos", una estrategia que se repitió en varios pueblos de Aragón.

Según el libro Guerra Civil en Aragón. Huesca, el cerco, los curas de Siétamo y Ola continuaron celebrando misa durante los combates de julio y agosto de 1936. Además, el párroco de Siétamo organizó la atención sanitaria para los heridos, gestionando tanto las primeras curas como la evacuación hacia Huesca. No obstante, la rotura de las líneas de comunicación con la capital oscense complicó muchas de estas evacuaciones.

El fracaso de la sublevación en Cataluña llevó a las organizaciones sindicales y partidos políticos a organizar milicias para el frente. Cada entidad estableció su propio cuartel general, su sistema de suministro y formó centurias con los voluntarios que se inscribían.

En el oriente aragonés, las organizaciones anarquistas tomaron el control local y, tras la fracasada sublevación militar, se crearon consejos locales que comenzaron a gestionar los asuntos de cada pueblo, en algunos casos con considerable poder. Estas organizaciones promovieron el llamado terror revolucionario con distinta intensidad: en lugares como Barbastro y Fraga fue más extremo, mientras que en otros, como Candasnos, los propios comités locales moderaron los excesos.

Mientras la sublevación triunfaba en Huesca y fracasaba en Cataluña, el regimiento de infantería de montaña Ciudad Rodrigo, con base en Barbastro, quedó en una posición ambigua. Su comandante, el coronel José Eduardo Villalba Rubia, había manifestado su apoyo al levantamiento militar, pero en el momento decisivo vaciló y no se alzó. Se cree que su indecisión se debió al temor por lo ocurrido en Cataluña y a la fuerte presencia anarquista entre sus tropas.

El 30 de julio de 1936 comenzó la primera gran ofensiva contra Siétamo, con la participación de fuerzas del POUM, Partido Sindicalista, CNT, Milicias de Barbastro, Ciudad Rodrigo, guardias de asalto y guardias civiles. Al mando estaba Villalba, asistido por el capitán Medrano, un oficial de artillería con gran respaldo entre los milicianos. La estrategia consistía en avanzar casa por casa, abriendo butrones y utilizando granadas de mano y botellas incendiarias. En esta lucha urbana, el conocimiento táctico de los Guardias de Asalto fue clave.

A lo largo del día, el mercadillo de la recreación atrajo a numerosos visitantes, convirtiéndose en un punto de encuentro y ocio. Se ofrecían elementos de uniformidad antigua y moderna, medallas, estrellas, cascos, antigüedades, libros e incluso muñecas artesanales con distintos uniformes y armamento. Una barra de bar proporcionaba alivio a los asistentes en una jornada marcada por el viento constante.

Tras la comida, se realizó la recreación del combate en las calles de Siétamo. La oficialidad del grupo recreador ultimó detalles sobre el guion, que incluía movimientos, uso de material pirotécnico y normas de seguridad supervisadas por Protección Civil. El combate inició con arengas a las tropas de los distintos bandos y transcurrió en un caos de disparos, explosiones y gritos durante casi una hora. Al sonar la sirena que indicaba el final, los participantes se felicitaron y posaron para una foto de grupo.

El evento concluyó con un recorrido por los escenarios reales de la batalla, dejando un gran impacto tanto en recreadores como en el público. Como ellos mismos expresaron: "Había ganas de Siétamo".

Archivado en

Suscríbete a Diario de Huesca
Suscríbete a Diario de Huesca
Apoya el periodismo independiente de tu provincia, suscríbete al Club del amigo militante