¿Qué es la deuda pública? En teoría esta herramienta financiera debería ser utilizada por nuestros gestores públicos como las familias lo usan: de manera excepcional. Una familia con una saneada economía no está todos los días pidiendo dinero prestado a los bancos. Sólo lo hacen de manera ocasional para poder realizar inversiones que necesitan liquidez inmediata, como por ejemplo la compra de una casa o de un coche. Compras necesarias para que la familia prospere pero que se sustentan en que a largo plazo se podrá pagar. Si por el contrario una familia va todos los días a pedir prestado para poder pagar lujos y excentricidades, muy pronto los bancos le cerrarán el grifo y le exigirán con creces la devolución de lo prestado. Pues justamente esta segunda parte es lo que está pasando con el Gobierno de España y de muchas regiones de nuestro país.
Cuando Aznar llegó en el ya lejano 1996 al poder, la deuda pública estaba disparada, pero consiguió estructurar la administración pública de tal forma que generara más ingresos que gastos y la deuda se fue reduciendo poco a poco. En la primera legislatura de Zapatero la tendencia que se siguió fue la misma, pero como ningún mar en calma hizo a un marinero experto, cuando llegó la crisis del 2008 su gobierno sólo supo tirar de deuda pública para maquillar unos datos que empeoraban cada día, y por ello se fue dejando el problema a otro. El nefasto Rajoy consiguió frenar el ritmo de crecimiento de la deuda, pero no alcanzó el objetivo más importante: reducirla. Y ahora, con Pedro Sánchez, la situación es dantesca por varios motivos. La pésima gestión del COVID, las malas relaciones con Argelia, la bochornosa política energética, el nulo poder negociador en la Unión Europea y las múltiples cesiones a sus socios han provocado que la situación económica de España sea insostenible y si aún no hemos entrado en una crisis económica peor que la del 2008 es porque María Jesús Montero ha estado pidiendo prestado todos los días desde que llegaron al gobierno hace más de siete años.
La deuda pública usada como se ha venido utilizando los últimos veinte años es perjudicial para todos los españoles, pero este mecanismo tenía una cosa buena o menos mala, sólo una: los intereses de la deuda se quedaban en España. Cuando el Estado vendía bonos o letras la compraban mayoritariamente inversores oriundos de esta piel de toro. Ya sean inversores minoristas o grandes bancos. Por lo que cuando el gobierno devolvía los intereses estos se quedaban en la economía española y enriquecían a unos pocos españoles mientras empobrecían a muchos. Sé que no es una gran característica, pero de esta manera era más sencillo que los intereses activaran la economía española. E igual así paliar un poco el empobrecimiento que ha generado la deuda pública.
De un tiempo a esta parte los presidentes españoles, tanto Zapatero como Rajoy y Sánchez han visto cómo los inversores nacionales no compraban sus emisiones de deuda. En ese momento podrían haber decidido reestructurar la Administración reduciendo gastos, pero decidieron deteriorar más nuestro país e hipotecar a niveles nunca vistos, el futuro de esta nación. Como no vendían la deuda en España empezaron a buscar inversores fuera y a día de hoy, entre el Banco Central Europeo y bancos de inversión, más del 70% de nuestra deuda pública está en manos extranjeras. Lo que conllevará que en un futuro se deba devolver lo prestado más intereses, empobreciendo a los españoles a costa de enriquecer a inversores que no repercutirán ni un euro de sus ganancias en la economía española.
Los malos gestores nacionales que estamos teniendo están siendo una bendición para los inversores extranjeros.