Después de varios años en el extranjero como emigrante, regresé a Huesca en agosto de 1975. Pocos meses después fallecía Franco y tres días más tarde era proclamado rey de España Juan Calos I.
Muy poco después se nombraba a Adolfo Suárez presidente del Gobierno.
En esos tiempos, que denominamos de la Transición, hubo dudas y miedos, pero también ilusión y esperanza.
Eran tiempos en los que se pedía a gritos libertad y que, poco a poco, se iban alcanzando retazos de esa libertad soñada y añorada.
Se fueron legalizando partidos políticos y sindicatos que hasta ese momento habían actuado en la clandestinidad y todo el mundo aportaba lo que creía mejor para la convivencia.
En las sesiones del Parlamento se discutía, pero no se ofendía ni se descalificaba. Se pactaban leyes y reformas de acuerdo con todos.
El mayor logro que considero fue la elaboración de la Constitución en la que participaron expertos de diferentes ideologías y que fue aprobada por más del 94 por ciento de los votos.
Otro hito importante para mí, fueron los “Pactos de la Moncloa” que favorecieron el asentamiento de las libertades apenas estrenadas.
Escribo esto muy preocupada porque hace unos días, exactamente el doce de enero, el presidente del Partido Popular reunió a sus barones para acordar propuestas en materia de vivienda y el día siguiente el presidente Sánchez reúne a los suyos para tratar el mismo tema.
Y digo yo ¿No sería mejor tratar estos temas entre Gobierno y Oposición y no ir cada uno a su bola?
Según dicen, Sánchez no ha llamado a Feijoo en más de un año ¿No sería interesante y productivo reactivar los Pactos de la Moncloa y que dejaran ambos de marear la perdiz? ¿Es que no saben los dos que tienen la responsabilidad de buscar el bien de todos los ciudadanos?
Se criticó mucho a Adolfo Suárez hasta el punto de hacerlo dimitir, pero muchos, si no todos, los políticos de hoy tendrían que aprender mucho de él. Para mí ha sido el mejor estadista que hemos tenido en España.
Confieso que soy monárquica y cada día me afianzo más en esta ideología porque, visto lo visto, sería peligrosísimo para España que la gobernara cualquiera de los indeseables que tenemos circulando hoy por este país, como los que se están tomando la Constitución a la torera, justificando actuaciones solo para favorecerse ellos mismos y a sus familiares y amigos, e intoxicando al personal con discursos auto exaltadores y tratándonos como analfabetos y faltos de criterio.
Espero que nunca llegue a suceder y que los malos tragos que estamos pasando terminen cuanto antes.