Peregrinación cumplida. Los 94 Javieres que partieron el mediodía del jueves de la parroquia de María Auxiliadora de Huesca han rezado en la cuna del santo navarro que llevó la evangelización a tierras del Lejano Oriente y que cada año congrega a miles y miles de personas que acuden caminando hasta el Castillo de Javier.
No ha sido sencillo el camino, porque a la severidad de algunos de los tramos -han llegado a superar desniveles de mil metros- y a la longitud de las etapas para completar los 120 kilómetros (de 30, 50 y 40 el jueves, viernes y sábado), se han sumado condiciones meteorológicas adversas, que han aportado un plus de mérito y de valor a la voluntad de los Javieres.
Entre los peregrinos, unos cuantos que ya no cumplirán los setenta y que han aplicado la dosificación que da la sabiduría para compensar la exigencia de las lluvias, de las diferencias de los firmes y de la pesadez de la ropa mojada. Sin reblar, han sido referentes sobre los que se han mirado los 35 que por vez primera han padecido y disfrutado de esta aventura.
Todos juntos, desde los que se acercan a la edad octogenaria hasta Alexia, la benjamina de la expedición, han compartido salones (como el del Ayuntamiento de Ayerbe) habilitados para ejercer de dormitorio colectivos, han gozado comiendo juntos y compartiendo, han sido solidarios con los que han sufrido algún contratiempo (el más grave quebranto de salud ha sido un esguince de tobillo) y se han alborozado al final del camino, que no es sino el inicio de la Javierada 2026.
Esta noche de sábado, han descansado entre satisfechos y fatigados. Y, de madrugada, quince de ellos se han animado al Viacrucis que ha partido de Sangüesa para llegar al Castillo de Javier, donde se ha oficiado la Eucaristía concelebrada en la que ha participado el Arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano.
Resuelto el objetivo con la austeridad, entereza y abnegación que exige el camino de los peregrinos, han tomado el autobús de vuelta, han compartido mesa y mantel en Sos del Rey Católico y sobre las 19 horas estaban en su "casa", la Parroquia de María Auxiliadora. Un hasta luego y se verán el próximo fin de semana en la carrera Nueno-Etiopía, que, al lado de las rutas hacia Javier, servirá para desentumecer músculos. Todo sea por la esperanza jubilar.